1. La mujer en el hogar ( Laura Sáez)
Tanto en América del Norte como en Europa en el siglo XIX, se esperaba que las mujeres y los hombres ocuparan esferas separadas de la sociedad. Se esperaba que los hombres llevaran una vida pública, ya fuera trabajando en una fábrica o socializando con hombres de ideas afines en lugares públicos, como clubes, reuniones o bares. Por otro lado, se esperaba que las mujeres vivieran en gran medida confinadas en el hogar, ocupándose de cocinar, limpiar y criar a los hijos. Se suponía que el tiempo libre de las mujeres no debía dedicarse a socializar, sino a hacer otras cosas relacionadas con el mantenimiento de la familia, desde coser calcetines hasta lavar la ropa.
(The seamstress, Charles Baugniet. f.1)
La mujer en el siglo XIX ocupaba un papel secundario, siempre detrás del hombre. La sociedad era muy católica y la Iglesia defendía que el papel de la mujer era el de una esposa obediente y ama de casa al cuidado y servicio de su familia, y sólo el hombre se podía dedicar a las cosas más importantes. Ni siquiera las leyes eran igual para el hombre que para las mujeres, a las que por el mismo delito se las juzgaba más duramente.
La tarea principal de las mujeres en el hogar era dar a luz y criar hijos, las mujeres eran vistas como materia prima. Mientras que de lo único que se encargaba el hombre en la casa, a través de su salario, era darle un valor económico y social para substener a los hijos.
La discriminación para ellas era doble, tanto por su género, como por su condición social. El trabajo era constante, duro para la clase marginada, que entonces representaba la mayoría de la población. El subsistir día a día requería jornadas agotadoras trabajando dentro de fábricas o en las calles; su vida dependía, en gran parte, de los varones cercanos. En esos años, cuando nacía un varón en una familia de clase popular, era recibido con entusiasmo, porque al menos no representaba una carga en cuanto a vigilar su conducta para garantizar su honra, y porque se incorporaría, desde muy temprano, al trabajo remunerado que realizaba la familia.
(La bendición, Simeon Chardin F.2 )
Lo que el arte nos enseña sobre la igualdad de género - NIUS (niusdiario.es)
En esta imagen observamos cómo el artista
nos plantea la visión idealizada o idílica de
la mujer en el hogar, en este caso a la hora
de la crianza de sus hijas.
( Ironing Day, Jane Barrow F.3)
En esta pintura, observamos una acción cotidiana y típica de la mujer en el hogar, en esta caso dos mujeres de clase baja están realizando la tarea de lavar ropa, cuya tarea no es apta para el hombre.
El 70% de las mujeres eran analfabetas, especialmente en las clases medias y bajas. La sociedad no veía bien que las mujeres se instruyeran a menos que lo hicieran en tareas propias de su sexo, es decir, quehaceres domésticos. Las pocas que podían aprender algo eran las mujeres de la minoría proveniente de la nobleza y ni siquiera podían aspirar a trabajar en lo que querían, solo en lo que estaba permitido.
No será hasta finales del XIX cuando se tome conciencia en España del problema de la mujer: un problema existencial distinto del que emerge de las nuevas condiciones económicas y que, con ellas, adquiere nuevas dimensiones. La educación se presenta en ese momento como la condición previa más importante para la emancipación femenina, pues la ignorancia, se entiende, no sólo mantiene sometida a la mujer, sino que sirve, a su vez, para justificar dicho sometimiento.
Las mujeres de clase alta con frecuencia se instruyen en sus casas mientras esperan un matrimonio adecuado a su condición. Aprenden a leer, escribir, cocinar bien o mal y trabajos propios de su sexo: costura y bordado. Si la educación quiere ser esmerada se completa con un poco de geografía, historia, música y, en algunos casos, dibujo y francés. Pero todo ello sin regularidad y en la idea de que nunca le servirá. No realizan ningún ejercicio físico. Sus salidas, a misa o al paseo, son siempre acompañadas. Los juegos musculares se consideran masculinos, los suyos deben ser sedentarios para «no arrugarse ni despeinarse». La debilidad y enfermedad, fruto de tales hábitos, se convertirán en ideales de belleza. Y finalmente tras el matrimonio, adquirirán un papel social bastante importante.
( Mujer jóven ante un espejo. Charles Rolls F.4)
(Signing the Marriage Contract (1905) F.4)
Victorian British Painting: April 2013 (19thcenturybritpaint.blogspot.com.
Las mujeres de clase baja, especialmente de pueblo, además de saber cómo cuidar de una enorme familia y dedicarse al hogar, les enseñaban trabajos pesados relacionados con la agricultura, todo desde una temprana edad. En las ciudades (en el sector doméstico) ser criadas y nodrizas fue su principal destino laboral. No tenían derecho a la educación, por lo tanto, no pudieron instruirse y pertenecieron a gran parte del 70% de analfabetismo.
En las clases media y alta, la mujer siguió desempeñando labores de organización y administración de sus respectivas casas y familias, además de elemento fundamental en las cuestiones matrimoniales de conveniencia, especialmente, en los estratos sociales más superiores.
(The little Weaver, Joan Planella F.6)
"The Little Weaver" Joan Planella i Rodríguez - Artwork on USEUM
(The song of the Shirt by Frank Holl .F.5)
BIBLIOGRAFÍAS:
El Rol De La Mujer En El Siglo XIX - Ensayos y Trabajos - martruher (clubensayos.com)
El rol de la mujer en el siglo XIX. by Francisca Andrea Gallardo Farías (prezi.com)
La educación de la mujer española en el siglo XIX (usal.es)
Las mujeres a finales del siglo XIX y principios del XX - Chihuahua Es!
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